Carta de Pablo a los Cursillistas

Por Pbro. Gonzalo Muñoz Alfaro

2Jun2009

Nota: citas bíblicas convencionales.

Pablo, siervo de los siervos de Dios en Cristo Jesús, que me escogió para predicar el evangelio.   Deseo a ustedes gozo y paz en el mismo Señor. Tengo la confianza de que quien comenzó en ustedes la buena obra la lleve a cabo hasta que les ingrese en el Quinto día.

 

Doctrina
 

Han de recordar, hermanos, que por el bautismo fueron incorporados a Cristo en su muerte y resurrección.   Entonces, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así ustedes a consecuencia de haber contemplado el horror de su antigua miseria y tuvieron el coraje de haber compartido su película acompañados/as de sus más íntimos seres,  ahora  son gentes  nuevas  gracias  al sacramento asombroso de la reconciliación que trituró su viejo ser y les ha dado un ser enteramente nuevo, “quiero ser, Señor amado, como el barro en manos del alfarero, toma mi vida, hazla de nuevo, yo quiero ser un vaso nuevo”. 

 

Así que, hoy y siempre aspiren a los bienes de arriba no a los de la tierra. Mediten mucho mi doctrina que con celos de amor en Cristo les enseñé a los romanos: si nuestra vieja condición ha sido crucificada con Cristo quedando destruida, ahora estamos seguros de poder convivir resucitados y gloriosos con El.  Y es que Cristo una vez resucitado ya no muere más, como nosotros que ya hemos abandonado la tumba del pecado como la cosa más inútil andemos en novedad de vida. 

 

Recuerden lo que les enseñé a los Colosenses que “desde el día dichoso que en su matinal meditación conocieron la personalidad del Maestro: su carácter, su inteligencia, su poder, su amor por los pecadores, su compasión ante el joven rico, la laceración de su divino corazón ante la entrega a sus enemigos por parte del apóstol Judas. 

 

Desde esas frescas meditaciones contempladas al pie de sus días de Cursillos, sus vidas están escondidas en Cristo Jesús. Una vez más las exhortó, amados en Cristo, cursillistas que supieron dar el sí victorioso a la voz del Padre celestial para que hicieran su Cursillo, a mantenerse firmes en su vida nueva como irrompible evangelio de carne y sangre predicado a menudo en los más áridos ambientes que tienen la misión de conquistar para el Reino. Tienen ustedes muy claro que si no influyen en su ambiente irremediablemente será el ambiente que se los trague como tristemente le sucedió al malogrado Demas y algunos compañeros que no perseveraron en su reunión de grupo y después de haber conocido a Cristo y de convivir a nuestro lado abandonaron su cuarto día y regresaron a la charca de su vida de pecado, según se lo comenté a mi amado Timoteo, esos que tuvieron la blasfemia de escupir el cuerpo agonizante de su Redentor.

 

Pero ustedes, cristianos renovados, están sumergidos en Cristo y Él en ustedes como se lo expuse a los Colosenses “Vivo yo, pero no soy yo quien vive es Cristo que vive en mí”.

 

Aprovechen su diaria meditación, su visita al Santísimo, el rezo del Santo Rosario en el que contemplan la vida de su Hermano mayor: su infancia, su Pasión, sus andanzas evangelizadoras, su glorificación. A ustedes les amonesto en Cristo a que ya no les es lícito vivir en tibieza espiritual, han de vivir la Gracia a presión en vista de que gustaron las mieles de esa Gracia que se les dio gratuitamente.

 

Han de orar ininterrumpidamente con fe e ilusión como enseñé en mi carta a los romanos. Que te acerques cada día al altar de Dios. Que tengan cada vez más sed de Dios como está sugerido en tu Hoja de Compromisos.
 

Pastoral
 

Más, el portento asombroso que Dios en su amor indescifrable haya querido alojarse en ustedes, lo pueden perder, amadas y amados cursillistas. Por lo cual les amonesto con las palabras de mi hermano Pedro “sean sobrios y vigilen pues su enemigo el diablo, como león rugiente busca a quien devorar: resístanle firmes en la fe”.


Y así como se lo advertí a los Gálatas, lo hago con ustedes recordándoles que llevamos la Gracia en vasijas de barro. Ustedes están bien equipados para esa vigilancia conforme lo reflexionaron en la última parte de Vida Cristiana que se les ofreció el último día de su Cursillo. Vuelvan a valorar la enseñanza del Maestro que sentenció “nadie que ha puesto sus manos en el arado y se queda mirando hacia atrás es digno de mí”.


Como un relámpago en el fragor de su diaria batalla por llevar adelante su Cuarto Día, han de atender al llamado de quien un día les escogió: Yo, Cristo, sigo contando con ustedes. Porque tengo aún muchas ovejas que no han ingresado a mi aprisco. Pero, “¿cómo invocarán a aquel en que no han creído?" ¿Cómo oirán sin que se les predique? Y ¿cómo predicarán si no han sido enviados?  Como dice la Escritura por pluma del bienaventurado Isaías “cuán hermosos los pies de los que anuncian el bien” (Is. 52,7)

 

Amadas y amados de mi alma, renueven en sus espíritus aquellos sentimientos cuando ardían de amor a Cristo y a su Iglesia al meditar “que no fue alguien de carne y hueso que les llevó a su Cursillo, “fui yo, su Maestro y Redentor quien les llamé porque les necesito como mis apóstoles.


Yo, Pablo, me demoré 40 años llevando la semilla del evangelio a todo el mundo al que con incontables sacrificios, humillaciones y sufrimientos logré llegar. Para mí no había fuerza humana que me detuviera, por eso dije a mis amados Corintios “ay de mí si no evangelizo”. No hubo ambiente que yo no penetrara. Igual ahora les animo “sigan mi ejemplo como yo he seguido el de Cristo”.
 

Todos Apóstoles

Han de saber, mis amadas y amados, que nunca evangelicé solo, siempre y en todo lugar al que llegué hice reunión de grupo, en la que hallé fuerza y estímulo. Los tiempos han cambiado pero no la necesidad de evangelizar. Para mis tiempos de andante peregrino me valí de leales hermanos que a mi lado desarrollaron poderosos liderazgos.

 

Así fue como en aquella terrible trifulca que me armaron los judaizantes en el templo de Jerusalén el jovencito Trófimo oriundo Éfeso lució sus primeras armas al ponerse a mi lado proclamando él también el reinado de Cristo, ¡Duro aquel ambiente pero lo ganamos para el Señor Jesús!. Nunca evangelicé ciudades o pueblos sin dejarles mis representantes para que, en cuarto día, profundizaranlo catequizando. Fue así como encomendé a Crescente la iglesia de la Galia. Hice lo mismo con el bisoño Tito que ordené obispo para Dalmacia. Igualmente encomendé a Títico los desvelos míos en Éfeso. En cuanto a Trófimo, me aceptó conducir la comunidad de Mileto. Epafrodito se puso orgulloso cuando le entregué la iglesia de Filipos. Necesitaba un líder macizo de mucha experiencia apostólica para desarrollar la iglesia en el conflictivo puerto de Corinto, lo encontré en Erasto. 

 

Es mi gozo contarles, amados cursillistas, que aquí en las mazmorras de Roma aunque encadenado por amor al evangelio, hacemos Ultreya, menciono solo unos hermanos pero vienen muchos, y son Eubulo, Pudente, Lino, Claudia y su familia, con sus vivencias refrescan mi cansado espíritu.  Mis queridísimos amigos Lucas y Timoteo y yo hacemos reunión de grupo. Esto nos ha servido para detectar a enemigos camuflados del evangelio, como ese tal Alejandro y su pacotilla de metalúrgicos y Demas a quienes se los tragó el ambiente, ahora desprestigian el evangelio. No puedo omitir anécdotas graciosos pero de susto, por ejemplo que en mis trifulcas por huir de los enemigos el evangelio que a toda costa querían mi muerte dejé perdidos mi abrigo y los rollos estilo pergaminos en casa de Rufo. Menos mal que me los recogió Lucas mi compañero de reunión de grupo.

 

Son conscientes amadas y amados de Dios que han cambiado gentes y ambientes en que yo y mis colaboradores predicamos, pero que todos los niveles sociales siguen clamando por conocer a Dios, están hastiados de dioses falsos, de ídolos de carne y oro. Conocen ustedes las cartas de mi entrañable hermano Pedro de Galilea “que catequiza diciendo” cada cual, conforme al don que recibió sirva con él a sus prójimos (más cercanos) como buenos administradores de la múltiple gracia de Dios (I Ped. 4,10). 

 

Según lo cual, les exhorto a que como médicos influyan de evangelio el campo de la medicina, como abogados aboguen porque muchos colegas vengan al conocimiento de Cristo, como ingenieros lleven a sus colegas a diseminar también ellos la semilla evangélica que caiga en buena tierra, que como periodistas inculquen en sus colegas el trabajo de Cristo el primer periodista del mundo, que como damas de oficinas infiltren entre sus computadoras el Mariano consejo en bodas de Caná “hagan lo que Cristo les mande”. Que como humildes amas de casa su metro cuadrado de evangelio y ansias de quien a ustedes se acerquen perciban el buen olor de Cristo y de Él se impregnen como lo enseñé a mis amados Efesios. 

 

Que en su condición de las más humildes ocupaciones copien a nuestro muy humilde Silvano quien evangelizó desde su sencillez y humildad, iluminó de evangelio toda la región del Ponto. Que desde sus podios universitarios me copien a mi Pablo que ningún ambiente me intimidó hasta ir a plantarme ante losa más empinados filósofos del Areópago en Atenas quienes me escucharon mi predicación sobre un Cristo resucitado de entre los muertos.

 

Gratitudes y Recomendaciones FInales

 

Doy gracias infinitas a mi Señor Jesús quien desde el vientre de mi madre me llamó como vaso de elección para proclamar su mensaje de redención en todos los rincones del mundo. A todos ustedes Cristo les vuelve a clamar que cuenta con ustedes para desterrar las tinieblas del pecado e iluminar con la luz del evangelio todos los ambientes que a ustedes les competen.

 

A ustedes hermanas y hermanos cursillistas Cristo les ha encomendado su mundo para que lo completen. A Él, pues, sea la gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Desde aquí, desde mi quinto día les envío mi sonrisa, mi bendición y mi promesa de perenne intercesión ante Quien es tres veces santo.


Firmo con grandes letras, en mi escritorio del cielo yo Pablo su patrono.

 

¡A Cristo eternas aleluyas! 

 

Amén.
 

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